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Columna de Opinión: ¿Qué hacer con la delincuencia?


Tanto el índice de victimización de la Fundación Paz Ciudadana Gfk Adimark como las denuncias arrojan que el 2014 subieron los robos y hurtos. A lo anterior, se suma el crecimiento de las pandillas según estimaciones de Carabineros, el aumento de las incautaciones de drogas, la seguidilla de robos con botines históricos —entre ellos el robo al aeropuerto y a camiones de transporte de valores—, la violencia en la región de la Araucanía, y la colocación reiterada de artefactos explosivos, concluyéndose que la prioridad que la ciudadanía le asigna a la delincuencia tiene fundamento real.

Informaciones de prensa (ya que no hay estadísticas oficiales) indican que incluso los edificios de departamentos estarían sido vulnerados con mayor frecuencia por bandas especializadas, despojando a los ciudadanos de uno de los últimos lugares que eran considerados como seguros.

¿Cómo puede ser que un país con instituciones policiales altamente valoradas por la ciudadanía y un sistema de persecución penal ejemplar para la región tenga hoy, a su vez, una realidad delictiva preocupante, por una parte, y que esta sea el área de gestión de gobierno peor calificada por la población, por otra?

La clave está en que estas instituciones están insertas en un “sistema de seguridad pública” más amplio, relativamente nuevo —contamos con un Ministro responsable del tema recién desde 2011—, y que, salvo excepciones, agotó un primer ciclo de fortalecimiento, centrado en leyes, dotaciones y presupuestos.  Lo que debe venir es un nuevo ciclo de reformas centradas ahora en los resultados, y que cambie el foco desde la reacción y la tramitación “casos a caso”, a la anticipación y la solución de problemas delictivos y el logro de resultados, medidos como los efectos de dichas detenciones, tasas de reincidencia, o bandas de tráfico ilícito desarticuladas, porque, precisamente como intuye o vive cotidianamente la ciudadanía y como en todas partes del mundo, gran parte de los delitos son cometidos por unos pocos delincuentes, en lugares y horarios predecibles. Los que cometen el robo son, además, solamente el primer eslabón de una cadena de distribución y venta ilegal de bienes de todo tipo, desde locos, salmones, madera, pasando por bienes electrónicos, vehículos y sus partes, y joyas.

Lograr este tránsito requiere, sin embargo, que las autoridades políticas lideren, también, este cambio de paradigma, asumiendo que se trata de una tarea compleja pero posible, y que se requiere de una política de Estado de más largo plazo, que mejore sustancialmente la coordinación y la inversión en prevención basada en evidencia, y dejemos de gastar 9 de cada 10 pesos del presupuesto en seguridad en reaccionar una y otra vez ante cada ilícito.

Columna de Catalina Mertz, directora ejecutiva de Fundación Paz Ciudadana, publicada en el Diario La Segunda el 15 de abril de 2015.-