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¿Son las escuelas de fútbol efectivas?


En su último discurso del 21 de mayo, la Presidenta Michelle Bachelet manifestó que no bastaba con aplicar mano firme en contra de la delincuencia, sino que teníamos que ser inteligentes y trabajar en prevención.

Acertadamente, dijo que debe intervenirse directamente en las personas, ojalá en entornos comunitarios y en los barrios. Y dio un ejemplo: contó que en más de 60 comunas funciona hoy un programa de atención psicosocial – Escuelas Preventivas de Fútbol- en el que pueden participar niños y lograr insertarse socialmente, aprender valores y mirar el futuro con esperanza.

En Chile no se conoce el impacto de las intervenciones que se realizan a nivel local. Se desconoce si los programas – de fútbol o de otro tipo- han tenido efecto en evitar que los niños se involucren en delincuencia y si han sido eficientes en el uso de los recursos que se han invertido en ellos. Se intuye que los niños lo pasan bien haciendo deporte o malabarismo, que aprenden valores como el respeto y la importancia del trabajo en equipo y que, mientras dura la intervención, se logran efectos positivos. Pero la simple intuición no basta cuando se buscan objetivos tan importantes como la prevención de la delincuencia.

La evidencia internacional muestra que programas generales basados en el uso constructivo del tiempo libre, como los deportivos, tienen limitado impacto en la prevención de la delincuencia y violencia en niños y jóvenes. Se ha determinado que logran mejores efectos en aquellos niños que no se encuentran en alto riesgo y que, cuando están afectados por problemas más graves, son una buena plataforma para identificarlos, crear lazos y establecer contacto, de manera de conducirlos a una intervención especializada. Se ha evaluado que sus positivos efectos se mantienen por un periodo breve de tiempo después de terminada la intervención, por lo que es clave su continuidad.

La expansión de programas de uso del tiempo libre, como las escuelas de fútbol,  puede ser una buena noticia en la prevención de la delincuencia. La mala noticia es que no existan en Chile programas de intervención especializados, que busquen abordar factores de riesgo tan graves como el maltrato o el abuso sexual. Es una mala noticia también que no se aprovechen las condiciones de cercanía y conocimiento de la realidad de los niños que entregan programas como las escuelas de fútbol, para intervenir de forma integral y especializada aquellos problemas más graves y con mayor incidencia en el desarrollo de futuras trayectorias delictivas.