Violencia con armas de fuego: Columna de Catalina Mertz por uso de armas -->


Opinión


Violencia con armas de fuego: Columna de Catalina Mertz por uso de armas


Chile es un país con relativamente pocas armas de fuego legalmente inscritas en manos de civiles –las casi 756 mil registradas equivalen a una tasa de tenencia de armas de alrededor de 4,5 chilenos por cada 100 ciudadanos, comparado con, por ejemplo, tasas de 90, 45 y 7 de Estados Unidos, Finlandia e Israel, respectivamente.

Además, tanto las estadísticas de inscripciones de armas legales como las respuestas a preguntas relativas a la adquisición de armas de fuego en diversas encuestas dan cuenta de que no hay, tampoco, una tendencia al alza en la proporción de personas que adquieren armas de fuego.

En cuanto a las armas ilegales, por razones obvias, no hay estadísticas sobre ellas, pero tampoco se observan hechos que permitan suponer que exista un volumen grande de armas ilegales: el homicidio en Chile no tiene una tendencia al alza y también es relativamente poco frecuente –según estadísticas comparada de la Organización de Estados Americanos, 3,7 fallecidos por homicidio cada 100 mil habitantes en comparación con 5,0 de EE.UU., por ejemplo- y tanto ahora como en los últimos quince años, sólo en alrededor de un tercio de los homicidios el arma usada es de fuego.

En las demás categorías de delitos el uso de armas de fuego es aún menos frecuente. Esto no significa, sin embargo, que no haya un problema de seguridad pública. Lo que implica es que, independientemente de posibles perfeccionamientos a la legislación sobre la tenencia legal de armas, el foco de las políticas públicas debe estar puesto en la violencia con armas de fuego.

Y, al igual que lo que ocurre en la mayoría de los problemas delictivos, los hechos de violencia con armas de fuego no son aleatorios, sino que presentan claros patrones según las personas involucradas o los lugares en que ocurren.

Dentro de esta categoría caen, por ejemplo, las balaceras en el contexto de riñas en centros de diversión nocturna recientemente conocidos por la opinión pública, o las que son el resultado de rivalidades entre grupos de narcotraficantes y que son, lamentablemente y según la escasa información existente, mucho más frecuentes en decenas de barrios de nuestras ciudades.

En ambos casos, los principales desafíos son que los órganos de persecución penal hagan uso del caudal de información y sistemas de análisis que la tecnología ha puesto a su disposición para identificar y poder procesar a los que ya sea burlan los procedimientos establecidos para la tenencia legal de armas de fuego o cometen delitos violentos con armas, y abandonar la tentación de centrar la atención en la legislación –cuya tramitación es siempre demorosa y no es finalmente exigible a ningún actor en particular-.